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Leyenda de la Estancia Mosquey.
Eran los años finales de la década del 70, siendo aún profesor de la Universidad de Carabobo, cuando me decidí a hacer un viaje de fin de semana largo, largo por tener un 12 de Octubre intercalado y una suspensión de clases por motivos políticos, en total 4 días, y escogimos ir hacia la ciudad de Cúcuta Colombia. Aprovecharíamos de pasear y de comprar algunas vestimentas para Diciembre con mi esposa y mis hijos, pero por circunstancias casuales, se me quedó en el apartamento en Valencia, la cédula de identidad y la licencia de conducir. A las tres horas de carretera, como es normal para nosotros los Venezolanos, fuimos objeto de una requisa y solicitud de documentos del vehículo y de identidad, en la ciudad de Guanare precisamente en el cruce de las dos vías, la que continúa hacia Barinas, El estado Táchira, y luego hasta Cúcuta que es la que llamamos comúnmente carretera de los llanos, y la otra que es la carretera trasandina la Troncal 7 que se desvía hacia la derecha pasando por Biscucuy, Campo Elías , Batatal, Mosquey, Boconó, Valera, y Mérida. Con esta primera matraca no me quedó mas remedio que oírle la recomendación al Fiscal de tránsito, de pasar el fin de semana por los lados del Estado Trujillo y después seguir para Mérida. Al empezar a subir en forma lenta por la carretera que conduce hacia Biscucuy, mis pequeños hijos empezaron a preguntarme que qué eran esas pepitas rojas que se veían en esas matas, ( los Cafetos) y que si se comían, y que qué eran esos animalitos que estaban en aquellas casitas de bahareque, (unos cochinitos) luego, que me parara en ese chorrito de agua que caía de la montaña que parecía una cascada para que nos bañáramos, y después, papi ten cuidado con esos pollitos, y que porqué no le agarraba uno para llevárselo para el apartamento, y luego que le comprara bastantes aguacates a un niño que los vendía en la vía, para así ayudarlo, y vamos a probar esos pastelitos que venden allí, y papi porque no me compras un caballito como ese y lo guardamos en el estacionamiento del edificio y.....y......y... coño, me tenían loco con tanta pregunta y peticiones que me hicieron cavilar por un rato y comprender que esa vida que yo estaba llevando estaba muy alejada de la realidad, de la vida del campo, del contacto con la naturaleza, tenía a mi familia encerrada entre cuatro paredes de un edificio y cuando mucho nos íbamos a la playa o al club, pero un verdadero contacto con la naturaleza, no lo estábamos haciendo. Después de subir varias montañas y ver cualquier cantidad de pequeños riachuelos, árboles gigantescos con orquídeas que aún no habían florecido, pequeños caseríos con campesinos risueños y de gestos cordiales, pasamos por Campo Elías y luego por El Batatal, donde cenamos en un restauran denominado el “Punto Criollo” así conocimos a Doña Ernestina, la mejor cocinera de la zona con su plato criollo con carne guisada , caraotas negras, cuajaditas, las famosas arepitas “telitas” y huevitos en “mojito” acompañadas de unas “chulas” tostaditas y las comimos con cuajadas y leche criolla, luego seguimos subiendo y ya oscureciendo, al empezar a bajar pasamos por Mosquey , después de la curva de los Piña, en el borde derecho, divisamos una casita que parecía una cajita de fósforos, ubicada en lo alto de una pequeña elevación en el terreno, a la cual se llegaba por un caminito de tierra, bordeado de una hilera de margaritas , y para divisarla mejor retrocedí un poco y la enfoqué con las luces altas , nos pareció una casita de ensueño, por su ubicación alta y retirada como a treinta metros de distancia de la carretera, lo cual la hacía parecer segura del tráfico, y con una buena vista hacia los alrededores, todos nos quedamos como bobos, observando esa casita y comentamos lo bella que era a pesar de su sencillez y ni por un momento nos imaginábamos que llegaría a ser nuestra. Continuamos hasta Boconó, y en la primera estación de servicio , preguntamos a dos señores muy atentos y cordiales, que por favor nos indicaran donde nos quedaba un hotel para hospedarnos al menos por una noche, y el dueño Pedrito Castellanos, y su amigo enseguida empezaron a llamar a los hoteles, para localizar una habitación, dado que el fin de semana festivo había copado los pocos hoteles que existían para esa época, y fue infructuosa la búsqueda, por lo que tuvimos que irnos (no sin antes haberle aceptado una copita de güisqui a don Pedrito, de Boconó hacia Burbusay, donde existía una posada bastante confortable, según nos aseguraron los Señores de la estación de servicio. Cuando pasamos por uno de los hoteles entramos y hablé con la recepcionista para que me reservara una habitación para el día siguiente, ya que me había gustado el trato tan cordial de don Pedrito, y su amigo, me llamó la tención que existiera gente tan agradable y tan servicial, y me interesé en conocer mas gente para ver si todos eran así. Al llegar a la posada de Burbusay, mas o menos ya eran las doce de la noche, nos dijeron que estaban llenos y que no había posibilidad de alojarnos, por lo que decidimos estacionar la Caprice a las puertas de la posada, bajarle los espaldares de los asientos e improvisar una habitación, por cierto bien confortable para los muchachos. Dormimos apretujados y arropados con los paños que cargábamos, muy agradable por lo tranquilo del lugar. Al amanecer regresamos a Boconó, buscamos donde desayunar, tuvimos una suerte única , pues la dueña de la pensión Los Andes, quien tampoco tenía cupo en las habitaciones, nos preparó un desayuno, fenomenal, con pastelitos, cuajadita, caraoticas refritas, huevitos, café con leche, y pare UD de contar. Los muchachos felices con tanta comida sabrosa, y empezaron a fastidiar, que nos fuésemos a bañar al río que habíamos visto de regreso de Burbusay, y que este pueblito era friíto muy sabroso para vivir en el, porque en Maracay hacía mucho calor…….que si la gente era muy cariñosa, y que hablaban muy bonito, etc., etc. A todas estas, oí por la radio un aviso ofreciendo en alquiler una casa, con tres amplias habitaciones y una especial para el servicio, estacionamiento, salón de juegos, y patio con árboles frutales….y estuve pensando que yo tampoco me había tomado unas vacaciones en mas de 15 años de trabajo y estudio. “Lo que es del cura va PA’ la iglesia” dice el refrán criollo, al pasar por el hotel, la recepcionista nos consiguió tremenda cabaña en el hotel Las colinas, al lado del río en que los muchachos querían bañarse, y después de bajar nuestros equipajes, nos fuimos para un lugar que se llama las guayabitas, que queda por el río que pasa por el borde del hotel y cuando llegamos pasamos por donde un grupo de personas de Boconó, que estaban haciendo tremendo sancocho, quienes con la misma cordialidad de Pedrito, nos ofrecieron el plato lleno, sin preguntarnos quienes éramos, ni siquiera, si queríamos comer, ese grupo eran el doctor Lorenzo Castellanos, Robalino y Guayabita, su esposa , un señor italiano, que era mecánico, un portugués que era carpintero, y un repartidor de carne a quien llamaban Condorcito, todos muy amables , buenos conversadores, muy respetuosos, y muy dicharacheros. Nunca en mi vida me había sentido tan a gusto, en un grupo tan heterogéneo, porque lo mío había sido hasta el momento, estudiar, trabajar, estudiar, trabajar, trabajar, trabajar, trabajar……Puedo decir sin temor a equivocarme, que vine a ser mas humano desde el momento que llegué a Boconó. Nos bañamos en los pozos de las Guayabitas y pasamos un día muy feliz. Mis hijos estaban encantados y ahora insistían con mas vehemencia que no querían regresar para Maracay , que fuéramos a ver la casa que estaban alquilando para ver si les gustaba, para que nos viniéramos a vivir a Boconó. Fuimos a verla, y tuve que sacarlos a empujones porque ya se querían quedar a vivir de una vez. Inmediatamente me puse en contacto con la dueña de la casa, una maestra a punto de retirarse, quien me consiguió el cupo en la escuela para mis hijos, y contratamos por un año, comprándole algunos de los muebles, porque yo no tenia tanto mueble para llenar tremenda casa y me decidí, así, de golpe y porrazo a solicitar un permiso no remunerado en la Universidad y si no me lo daban me retiraría. Quería hacer familia, es decir dedicarme a mis hijos y un tiempito para Luis Preciado. Había trabajado mucho para los demás, es decir, mis hermanos a quienes les dediqué mis años mozos trabajando en una Fabrica de sombreros que nos dejó nuestro padre hasta graduar de médico al menor de ellos, Oscar Enrique, de Economista al Negro, es decir a Rubén Darío, y anteriormente a Jorge, de Licenciado en Educación. Una vez cumplido el juramento que hice sobre el cadáver de mi padre, de verlos graduados a todos, ya me sentía aliviado de esa pesada e ingrata carga. Al momento de tomar esa decisión, tenia en Valencia un apartamento en la Av. Las ferias y una oficina propia donde se llevaban contabilidades en el edificio General Urdaneta, que también me servía de Oficina de Representaciones Internacionales, importaba y vendía a comercios y fabricantes, diferentes productos de los cuales tenía muestras traídas personalmente del Japón, Hong Kong, y diferentes partes del mundo. A estas alturas de mi vida ya le había dado una vuelta al mundo. Tenía una tienda de Artículos Deportivos llamada Galerías Preciados ubicada al frente del Hospital Central en la Av. Lisandro Alvarado, otra tienda de artículos infantiles y cosméticos, a menos de cien metros, Una venta de pañales desechables, en Naguanagua, aparte de administrar la fabrica de sombreros Gran Bretaña, en Naguanagua, y por las Tardes dictaba Clases de Contabilidad 1 en primer año y de Administración Financiera en quinto año, en la Universidad de Carabobo en Maracay, hasta las 10 u 11 de la noche. Al decidirme a venirme a vivir a Boconó, les entregué a mis hermanos una fábrica de sombreros y de pañaleras llamada Gran Bretaña, 10 veces mas grande que la que habíamos heredado de mi padre, con la maquinaria, mas moderna que existía en esa época para fabricar sombreros de tela tipo cazadores, traída por mi desde Estados Unidos, y otra Maquina que traje de Alemania y que utilizaba orlón un material alemán y alfombra acrílica (un invento mío), con los cuales se fabricaba un sombrero automáticamente en menos de 5 minutos, esta fabrica funcionaba en un local comercial de dos pisos, y un galpón de 500 m2, con una casa aledaña de dos pisos, todo esto construido por mi, la cual era muy diferente a la humilde vivienda de bahareque (barro), donde murió mi padre, y en esa casa de dos pisos, dejé viviendo a mi madre en compañía de mis hermanos, ya graduados. Resuelta esta situación familiar, empecé a mudarme a Boconó. No fue tan fácil romper con estos compromisos familiares, relaciones laborales y comerciales, pero estaba decidido a romper los viejos paradigmas y establecer otros nuevos. Ya con estas bases echadas, habiendo encontrado una hermosa residencia muy confortable y un amplio local comercial para generar ingresos, llevé adelante mi proyecto de mudarme a vivir en Boconó. Gracias a Dios encontré en Boconó un ambiente muy hospitalario, unos vecinos maravillosos, los Miliani, los Gonzalo, los Abreu, los Pino, como ya dije, corrí con la suerte de haber encontrado un local comercial en la esquina del Recodo, cerca de un Liceo llamado Dalla Costa, y pude establecer allí uno de mis negocios que tenía en Valencia, el de artículos deportivos, del cual no había ninguno en Boconó, al cual llamé Deportes René, en memoria del esposo de la señora propietaria de la casa, Sr. René Velasco, fallecido hacía poco tiempo, y quien había sido un gran aficionado al béisbol, y softbol. Un par de años después monté otro negocio pero de artículos infantiles denominado Mis Chiches, en la esquina inferior izquierda de la plaza Bolívar de Boconó, un axitoso negocio donde se vendían los mejores artículos o marcas del mundo entero para niños, nacionales e importados, traídos personalmente por mi desde Aruba y Curazao. En medio del desarrollo de estos nuevos proyectos de vida y con mis hijos cerca, todo marchaba bien hasta cuando nos agarró la inundación de Boconó en Julio de 1981. La casa donde vivía al frente del Capitán Miliani se inundó y tuve que comprar el terreno de lo que hoy es la Estancia, aquel terrenito que nos llamó tanto la atención, el primer día que llegamos a Boconó, y empezar a construir con mis propios recursos generados por mis negocios de Boconó, una casa inmensa para alojar mis muchachos. Esta fue una época dura y difícil pero afortunadamente, acostumbrado a trabajar y a desarrollar mis propias ideas seguí adelante. Con los efectos económicos de la inundación, mis dos negocios no producían suficiente para poder construir con holgura el nuevo proyecto de la Estancia como residencia principal, por lo tanto tuve que salir a vender la mercancía del negocio que menos producía, el que se llamaba deportes René, con ese dinero construía y surtía mejor a Mis Chiches. Observando detenidamente los artículos que mas venta tenían en este negocio, pude detectar que las Pantaleticas Plásticas era un artículo que se vendía diariamente hasta el punto que en un dia lo único que se vendió fue ese articulo y para colmo, los proveedores de Caracas estaban sin existencias. Analicé los materiales que se necesitaban para fabricarlo, cual era el proceso productivo, las clases de maquinarias que se requerían, pensé que las máquinas no eran el mayor problema si no los materiales, y me fui a Caracas a buscar el material, el cual con mucha dificultad lo consequí, no tal cual como lo hubiese querido, pero para elaborar unas muestras me servia y me compré unos 20 metros de tela plastica, unos carretes de hilo, un carrete de goma elástica, tres rollos de etiquetas para tallas, unas bolsas plásticas, y me vine a Boconó con mi nuevo proyecto en mente. Desbaraté tres pantaleticas cada una de diferente talla para tomar los moldes, y en una mesa grande de comedor, corté las primeras pantaleticas, y con una plancha puesta al fuego, logré hacerle la soldadura que necesitaban para sellarlas por los lados, luego me busqué una señora que era costurera, y en una maquina recta casera, produjimos las primeras docenitas, que no estaban tan bien confeccionadas como las importadas, pero cumplían la misión de retener los orines para que no mojaran los colchones. Las empaqueté en las bolsitas que traje de Caracas, y salí a venderlas. Recuerdo que mi primera venta se la hice a una señora que tenia una quincalla en Burbusay, y luego a otra en Santa Ana. las otras las dejé para mi negocio, y cual no fue mi sorpresa que a los tres días me llamó la señora de Burbusay, pidiéndome que por favor le llevara otras 5 docenas, y de paso las que dejé para mi negocio también se estaban vendiendo, debido a la escasez de las Importadas, y se las llevé a la señora de Burbusay . Con esta pequeña pero exitosa prueba, salí a buscar las máquinas apropiadas para cortarlas, otras maquinas para coserlas y otras para sellarlas en mayor cantidad, es decir maquinas industriales. En Valencia conocía al distribuidor de máquinas de la Fpaff, el señor. Echeverri, maravillosa persona, quien amablemente me facilitó una máquina overlock y una engomadora, por un mes a prueba , ya el me conocía de cuando le compraba máquinas para la fábrica de sombreros. Estas máquinas, me las llevé para instalarlas en un apartamento, que yo tenia en Valencia, en la Av. Bolívar Sur, el cual estaba desocupado, y las instalé allí, porque Boconó, en aquella época, no era sitio apropiado para montar una confección de esta clase de artículos, porque los proveedores de materias primas estaban en Maracay, La victoria y Caracas y el personal, fundamentalmente de Costureras industriales tampoco lo había para ese entonces. Empecé la fabricación en serie en Valencia, pero a los dos meses tuve que mudarme para Maracay porque los vecinos se quejaron que consumía mucha corriente y les bajaba a ellos el voltaje. Los mismo me paso en Maracay en Parque Aragua, tuve que tomar en alquiler una casa en la Urbanización la Romana la de los militares, y allí si pude trabajar por varios años con tranquilidad, llegando a tener mas de 12 maquinas de coser aparte de las de cortar 2 y las de sellar que eran cuatro. Cuando llegue a tener mas de 20 maquinas ya no me cupieron en la casa de la urbanización La Romana y tuve que tomar en alquiler un galpón especial en el barrio San Ignacio donde pude trabajar exitosamente varios años, y pude adquirir e instalar una máquina de electro fusión que sellaba en serie directamente con los rollos de telas plásticas, con la cual pude fabricar portadas para álbumes fotográficos, forros para cuadernos escolares, cartucheras para Lápices, forros para libretas de ahorro y para chequeras, y pare UD de contar, además tuve que construir e instalar inmensas mesas para la estampación de estos productos en serigrafía, en el taller de estampado se le estampaban a las pantaleticas los muñequitos de Hello Kitty, Mafalda, Carlitos y demás figuras infantiles de la época. En el medio de este inmenso trabajo, y como consecuencia de las nuevas relaciones laborales, a causa de un hijo fuera del matrimonio, tuve problemas con mi esposa, la cual me corrió prácticamente y de una manera muy violenta y grosera, y por lo tanto hicimos una separación de bienes amistosa, de buena fe, ella me firmó un poder para yo disponer de mis negocios, en Bocono, deportes rene y Mis chiches, la fabrica de pantaletas que estaba en Maracay, y el terreno y la casa que estaba a medio construir en Mosquey y yo le firme otro poder para que ella se quedara con los bienes raíces de Maracay, una casa en la morita, un apartamento en parque Aragua, los vehículos que ella tenia y unos negocios funerarios y nos separamos amistosamente, debo confesar que durante todos esos años de separación, nos llevábamos mejor, separados, que cuando vivíamos juntos como marido y mujer. Me vine entonces a Boconó a construir un galpón en un terreno que compré meses después de esa fecha de la separación de cuerpos y de bienes, terreno el cual está anexo al que ya había comprado antes en Mosquey, y empecé el desarrollo de una nueva vida en lo que mas adelante llegaría a ser La Estancia Mosquey ........... Estuve dedicado varios años a construir mi sueño, lo que
una vez llamé el reposo del guerrero, pero para lograr eso, tuve que
construir un galpon en el nuevo terreno adquirido, para la fabricación de las pantaleticas
plásticas las cuales aun
las estaba fabricando en Maracay, y así lo hice, terminé de construir el galpón
para concentrar todas mis actividades productivas en Boconó, y una vez que
ya la fabrica estaba establecida en Mosquey generando ingresos suficientes,
empecé a terminar de construir el sueño de mi vida, una amplia y cómoda casa con
vista a las montañas, rodeada de pinos y árboles frutales, en un clima frío, y
en un sector campestre, lejos de los peligros de la inseguridad que ya se sentía
en esos tiempos en Maracay y Valencia. Recuerdo un atraco del cual fui víctima en
Maracay, en el estacionamiento de Parque Aragua, ocurrió después de llegar
de dar clases en la Universidad, esto me ayudó a apresurar el cambio de vida.
Cuando estaba entrando al estacionamiento del edificio, vi que un carro prendió
las luces y las apagó inmediatamente, supuse que era que me hacia señales de que
iba
a salir, y por lo tanto, para no tener que retroceder me apresuré para darle
paso para que saliera cómodamente, llegué a mi puesto, y vi que todavía no
había salido, no le di mas importancia y me estaba bajando del carro, cuando por
detrás de una cerca de cayenas que estaba al lado de mi puesto, emergió de
ellas
un tipo con pelo ensortijado, y tremendo revolver cañón largo (nunca había visto
un revolver tan grande) y me dijo: "esto es un atraco, voltéate a la
pared y entrégame las llaves del carro" como no, le contesté
inmediatamente, pero ese carro tiene una rueda mala. inmediatamente me dijo
"Pásame los reales que cargas". Cuando iba a meter la mano al bolsillo derecho,
interrumpió "déjame yo los busco" y fue metiendo la mano, al no encontrar mayor
cosa, agregó "mucho flux y
limpio de bola", le respondí, yo soy es un profesor de la Universidad, no soy
comerciante." bueno entonces dame ese reloj (un reloj Casio submarino que había
comprado en el Japón, y ese bolígrafo (una pluma parker que había comprado en
Panamá,) y luego me preguntó, qué es lo que tiene el carro, creo que es una rolinera
porque chirrea, le contesté. Bueno quédate recostado a la pared y no
voltees, yo me voy, y le dije, chamo no le vayas a dar a ese gatillo por favor,
y me respondió, cuenta hasta 100 antes de voltear, y empecé, uno,,,
dos,, tres,, ya iba en noventa y nueve y se me ocurrió voltear lentamente,
dándome así cuenta que el tipo lo tenia a menos de dos metros, y me dijo "
no te dije que no voltearas antes de contar hasta cien:? me asusté, estaba
esperando el disparo y me dijo, bueno cuenta hasta 200 y ya sabes no voltees
antes, y empecé de nuevo, ,uno,,, dos,, tres,, , , ............ya iba por
doscientos veinte y voltee lentamente esperando el disparo, y cual no fue mi
sorpresa que el tipo ya se había ido, respiré profundamente, pero me oriné en
los pantalones de inmediato, en esos trescientos segundos pasaron por mi mente
los cuarenta y pico de años, de mi vida, mi infancia mi juventud, mis años de
estudios, y de trabajo, y dije dentro de mi "para esta vaina es que yo me
preparé y trabajé tanto? para morir como un perro abaleado por este animal? Como
ya dije, gracias a incidentes como este, mas la corrida que me había hecho
la esposa, no lo pensé dos veces cuando tomé la decisión de irme
definitivamente a vivir a Boconó. Yo le pagaba el colegio y los gastos a los 2
niños que se quedaron con su madre en Maracay, y ellos venían o yo los traía en
vacaciones a Boconó.
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Pero si viene desde El Estado Zulia
debe atravesar estas poblaciones para llegar a la
Si viene de Barquisimeto debe atravesar estas poblaciones para que llegue a
la
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